Huellas de
santa
Teresa de Jesús
Yo, Teresa, me entregue totalmente al amado; y el
amado no se deja nunca ganar en amor ni en fidelidad. Yo desde muy pequeña supe
que Dios me llamaba para él, una vez que me hice monja me dediqué más a la vida
de fuera que de dentro, me ponía a cotillear, vivía a gusto y no rezaba, aunque
aconsejaba a los demás que lo hicieran, pero una noche del año del señor de
1542, según el candelario juliano, Jesucristo se me presentó y me dijo airado que
lo estaba haciendo mal que debería vivir pobre, rezar de forma continua y no
meterme en la vida de los demás… ¡Ay, pero qué miserable era mi alma que tardé
cuatro años en hacerle caso! Y fue porque le vi crucificado y un susurro suyo
me traspasó el alma y fui consciente de lo que fue capaz de sufrir por mi amor,
un amor puro de entrega total con llagas y sangre sin reservarse nada, cuando
yo todo me lo reservaba. Al principio se
me hacía pesado, ya que empecé con la oración mental, que es un discurso intelectual sin repetición de oraciones
aprendidas. Se trata de recoger el pensamiento en el silencio, y evitar las continuas distracciones y como escribí
en el libro de mi vida (por mandato de mi confesor):“que
no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando
muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama> (Vida, 8, 5);
es como el riego acarreando al agua con cubos desde un pozo, se hace muy duro
ya que no obtienes respuesta. Tras años y años de oración, pase a la oración de
quietud, la memoria, la imaginación y la razón experimentan un recogimiento
grande, aunque persisten las distracciones, ahonda la concentración y la serenidad. El esfuerzo sigue
siendo personal, se comienza a gustar de los frutos de la oración, lo que nos anima a perseverar. Tras
años y años de oración de quietud, llegue a la etapa de oración de unión,
consiste en que tienes una acequia al lado de tu casa y ya no tienes que ir con
los cubos todo el camino para llegar al río, tienes que esforzar muy poco,
todos tus sentidos son absorbidas por un intenso sentimiento de amor y sosiego.
Tras varios años de oración de unión al fin llega la oración de éxtasis o arrobamientos,
se pierde el contacto con el mundo a través de los sentimientos se pierde
incluso la sensación de estar en el cuerpo y cualquier posible control sobre lo
que nos acontece, se goza en este estado hasta tal punto que incluso se puede llegar
a engolfarse en el señor, porque el cuerpo en vez de ser prisión del alma por
el poder del espíritu santo es arrebatado por la misma.
Yo vi como muchas monjas llevaban una vida de no rezar de
meterse en la vida de los demás…recriminé a otras monjas porque deberían llevar
una vida más en concordancia con el señor, deberían ser más pobres y rezar más,
pero no me hacían caso aunque ya mi esposo me había solicitado reformar el
Carmelo. ¡Qué verdad es lo débil de nuestra naturaleza, esclava de lo que vemos
y tocamos como si lo material fuera lo único importante, y el alma que es lo
que realmente somos lo dejamos en el más completo abandono!
Fui llevada ante el tribunal de la Inquisición por las
gracias que recibí de mi esposo, (Mc 10, 28-30“Pedro le dijo: «Tú sabes que
nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús respondió: «Les
aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos
o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el
ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio
de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.”) Llegaron
a decir que utilizaba el poder del demonio, la Inquisición me interrogó, pero
no viendo en mi ninguna herejía me liberaron. Poco después por la imprudencia
de la princesa de Éboli me vi de nuevo ante la inquisición, otra vez liberada,
hasta tres veces me llevaron a la Inquisición y en los tres casos quedé
absuelta, y seguí rezando aunque de mi dijeran que era mujer inquieta y
andariega. En 1576 fundé el décimo segundo convento, de los diecisiete que
fueron en total, en Caravaca de la cruz, produciendo un considerable impacto
entre algunos sectores sociales y eclesiásticos. La renovación religiosa y la
fuerza que transmití en mis actos llegó a oídos de algunas doncellas
caravaqueñas pertenecientes a las principales familias, quienes, dirigidas por
doña Catalina de Otálora y don Rodrigo de Moya, decidieron encerrarse juntas en
una casa y no salir de allí hasta que yo aceptase fundar en Caravaca de la
Cruz; cosa que hice mediante un manuscrito que entregué a la primera priora,
Ana de San Alberto, dado que no pude cumplir mi deseo de ir personalmente a
hacer la fundación.
Se constituyó el convento en Caravaca de la cruz, destacando
la favorable disposición encontrada entre los vecinos, la mejor que se ha visto
en ninguna de las demás fundaciones.
Provisionalmente, a la espera de construir monasterio e
iglesia, las religiosas con las novicias caravaqueñas, se instalaron en una
casa cedida por Rodrigo de Moya en la calle Mayor, germen del futuro convento.
Constituida la escritura de dotación, el primer día del año 1576 se puso el
Santísimo en una pequeña capilla habilitada al efecto, dedicándose esta incipiente
fundación, al glorioso patriarca San José, porque este santo al que Dios Padre
encomendara la virgen y al niño goza de tal poder en el cielo que no hubo
petición o ruego que no me escuchara. Pronto comenzarían a llegar pequeñas
cruces de Caravaca, el símbolo de la ciudad, a diversos benefactores, prioras
de otros monasterios y yo que agradecí el esfuerzo por las cruces de madera que
ellas mismas tallaban. Porté en vida una cruz de doble brazo en madera que,
tras mi muerte, sería llevada por mi enfermera Ana de San Bartolomé a la
fundación que realizó Ana de Jesús en la ciudad de Bruselas, donde todavía se
conserva como apreciada reliquia, ya que la cruz es la llave del cielo. El
lugar donde el señor se hace más próximo, es lecho de amor, que por mi quebrada
salud pude gustar de sus consuelos.
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Esto me dijo Santa Teresa una tarde de invierno mientras yo estaba
con fiebre en cama, no sé si fue a través de una ensoñación o el fruto de haber
leído mucho sobre ella.
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Fuentes:
http://www.huellasdeteresa.com/es/huellas/item/9-caravaca-de-la-cruz
http://delaruecaalapluma.files.wordpress.com/2013/11/los-autografos-de-la-santa-en-el-escorial.pdf
La
vida de Santa Teresa De Jesús (Libro)
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